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© 2014 by Josechu Velasco


 

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  • Chusa Gallego

A la atención de la Alcaldía del Excelentísimo Ayuntamiento de Arenas de San Pedro


Tercer escrito

Por la presente, ruego a Dios todopoderoso, que me mantenga firme en la paciencia, inamovible en la esperanza y perseverante en la constancia, para que mis manos no desfallezcan en la escritura de una carta semanal al Excelentísimo Ayuntamiento de Arenas de San Pedro, del que suplico ecuanimidad en la concesión de un mismo trato a todos sus vecinos y contribuyentes.

Porque el paraje de Los Lanchares, en el que vivo, y que pertenece a dicho consistorio como una parte indivisible de esa Alcaldía, parece un miembro gangrenado e inexistente en los confines de su jurisdicción. Un algo latoso que quisiera olvidarse, como parece manifestar semejante desatención. No obstante, sí que debe conocerse su existencia por el origen de unos impuestos que, anual y religiosamente, abonamos las decenas de vecinos que en verdad, habitamos esta zona al otro lado de Poyales del Hoyo, donde solo llegan el rumor del viento y las tormentas. Nuestra huella, asimismo, sí estará muy clara en las cuentas que maneja ese consistorio, aunque el vestigio de nuestras suplicas resulte invisible por causas desconocidas a efectos de protección y auxilio.

Y es que será muy difícil para todos, por más desconsideración manifiesta hacia nuestra localización, que pasemos desapercibidos. Porque yo me pregunto ¿Qué imagen daría una preciosa dama de nombre Arenas, cuyo rostro tan bello como el castillo de un rey, coronado de una abundante melena que es su admirable paisaje, con unos pechos perfectos como torreones de piedra, con una figura estilizada que recuerda un palacio como el de La Mosquera y sus ojos, tan cristalinamente bellos que evocan la frescura de sus mil cascadas de hermosura... qué imagen daría esa dama si en los confines de su cuerpo, el último sitio en perderse antes de abandonarla con la vista, tuviera esa mujer unas uñas de sus pies como carapachos de roñoso centollo? ¿Qué grabado se tatuará en la memoria de quien pasee por esta zona indecorosa de esta señora, Doña Arenas de San Pedro?...

La verdad, prefiero morir virgen a la humillación de semejante desapego, sobre todo porque ni tan siquiera se nos agradece con una humilde palabra la constancia de nuestros regalos. Y no es que seamos amantes del sadomasoquismo, que pagan por recibir palos, sino que de alguna manera, enamorados de la naturaleza como estamos quienes habitamos este paraje, seguiremos enviando flores a la cuenta de quien no tiene la deferencia de conceder ni una sonrisa, por peor y más acribillado que se nos ponga su camino, el que transitamos a diario. Pero es igual. El amor es así de perverso a veces. Y a los que gustamos de cortejar, aunque no nos lleguen los besos que a otros les deleitan, seguiremos manifestando nuestra existencia con la esperanza de que algún día, se nos desflore por sorpresa, como violados por el anhelo. Y como de seguro no somos de piedra, no duden que aullaremos de placer cuando nos tapen los agujeros.

A la espera de ser correspondidos, anticipo mis más sinceras gracias de todo corazón.


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