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  • Chusa Gallego

¡¡Atención, descubrimiento!!


Estaba aquí, aplicando la primera mano de imprimación a mi último invento patentado, el cual os mostraré en cuanto me sea posible, cuando de repente he percibido mentalmente y con claridad un descubrimiento que me parece importante compartir con todos Ustedes (os hablo de Usted porque es cosa seria). Y no digo que sea yo el primero en observar esta realidad que a continuación les desvelaré, pero no tengo oído nada al respecto. Ahí va la cosa:

Se trata de la dilatación. Porque como he podido comprobar en las carnes de mi propio pene, absolutamente todo se basa en la dilatación, desde el principio de los tiempos.

Partiendo de la base de que el universo está en una constante expansión (dilatación), podemos deducir que la totalidad de cuanto sucede tiene que ver con esta cuestión fundamental. Obsérvese que por ejemplo durante la cópula, existe una dilatación generalizada; desde los poros a los pezones y desde las pupilas hasta el último centímetro de piel, todo está sometido a un estiramiento. Pues bien, a consecuencia de este acto, ya sea amoroso o deportivo, si la mujer se queda fecundada, comienza un curioso proceso de dilatación que dura nueve meses y que desarrolla tanto a la criatura que lleva en su interior como a su propio abdomen, pasando por la ropa que use o su propio armario. Todo Crece. Se dilatan los gastos y las discusiones, las visitas a los médicos, las apariciones de las suegras, el armarito de los medicamentos, las comidas de la despensa.

También se dilatan los insomnios, las habitaciones de la casa e incluso los coches, que pasan a ser familiares.

Como digo, he llegado a la conclusión de que en la naturaleza también existe esta evolución y así, una pequeña brizna de hierba se convierte en un árbol o una nube minúscula puede dilatarse hasta cubrir todo el cielo y convertirse en una formidable tormenta. Observen a su alrededor y vean como todo cuanto existe es producto de una dilatación; la ciudad, las carreteras, las jornadas de trabajo, las uñas, el pelo, la hipoteca...

Del mismo modo, las cuestiones en principio menos sólidas, como el amor o el tiempo, tienen un importante índice de dilatación que depende de ideas en la cabeza. El caso es que un lapso de tiempo de una hora en una cama y sin hacer nada, dilata lo mismo que el sueño eterno de un muerto y sin embargo, ese mismo tiempo bien empleado, puede dilatarse hasta convertirse en una obra maestra o en el mejor de los orgasmos. Y lo que es más importante, si no se tiene cierto control mental, una discusión puede dilatarse hasta el homicidio.

Al amor, al odio o a la corrupción, por decir algunos, les pasa lo mismo. Nada es inmune a este poder superior basado en la expansión. Porque se trata de algo inmaterial que no está sujeto ni a la fuerza de gravedad ni a la física elemental. Todas las cosas dilatables que no sean espontáneas, como las que origina por sí misma la naturaleza, nacen en la cabeza del dilatador. Sin ir más lejos, desde el signo de exclamación con el que comienza esta matemática gilipollez, he conseguido dilatar un texto hasta convertirlo en una sonrisa.

Cosas de la ciencia.

#naturaleza

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© 2014 by Josechu Velasco