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  • Chusa Gallego

¡¡¡INCREIBLE!!!


No sé ni por qué me molesto. Puede que no lleguéis ni a creerlo, pero ha sucedido literalmente, tal cual lo contaré. Hace dieciséis días estaba regando las plantas del patio y del jardín. Eran las ocho y media de la tarde, aproximadamente, cuando observé que a pocos metros de la casa, un pequeño espacio de tierra ondulaba, arriba y abajo, despacio, con un movimiento poco ruidoso cuyo único sonido recordaba un masticar de piedras, como si un gran topo estuviera a punto de sacar su cabeza a la luz. Apagué el grifo enseguida porque entendí que las tuberías se habían reventado y que, en breve, una explosión seguida de un enorme geiser lo inundaría todo. Una sobredosis de adrenalina y preocupación se me apoderó a medida que aquel extraño movimiento de tierra se volvía cada vez más activo. Llamé a Chusa, gritando, con una voz que no conocía en mí, lo cual es raro después de auto explotarme vocalmente en todos esos videos que tengo colgados en Youtube. Nos apartamos a una distancia prudencial cogidos de la mano, sin poder hacer nada, esperando un desenlace henchido de incógnita. Los dos mirábamos absortos hacia esa pequeña porción de terreno que se elevaba e implosionaba silenciosa y lentamente. El desconcierto nos impedía comentar un acontecimiento que aún no había ocurrido pero que, sin duda, nos deparaba una sorpresa mayúscula. De repente, un último movimiento sorprendentemente violento y la tierra se hundió, con estrépito, como esnifada hacia dentro por ella misma, originando un hueco perfectamente circular cuya boca, de unos dos metros y medio de diámetro, podría haberse tragado nuestro coche que estaba aparcado a escasa distancia del orificio. Ninguno de los dos podía articular palabras coherentes, salvo algunas expresiones realmente malsonantes de sorpresa, que no tengo ahora conciencia de haberlas pronunciado pero que, me consta, salieron por mi boca. Dejamos un tiempo prudencial que nos pareció eterno para ver si eso era el final del acontecimiento y nos arrimamos, previniéndonos mutuamente, con un cuidado extremo hasta el borde de aquel vacío. Yo llevaba ya marcado el número 112 en el teléfono móvil a falta de pulsar la tecla "Llamar". A un metro y medio de la oquedad, vi que aquello era mucho más profundo de lo que mi imaginación podía haber elucubrado. Entonces me tumbe en el suelo para acercarme reptando hasta los límites que me parecían seguros y poder examinar desde el borde y con más atención aquel fenómeno tan extraño. El vértigo que padezco, hacía que en mi bolsa testicular se originaran ciertas sensaciones incomodas que me subían hasta el cuello y luego bajaban a los antebrazos, donde los poros parecían querer escupirme los pelos de los brazos y me los erigían tiesos, como púas de erizo. Fue entonces cuando comprendimos las dimensiones reales de aquel desaguisado en nuestra finca. Teníamos los ojos tan abiertos y exentos de pestañeo que nuestros parpados parecían pegados con Loctite. El corte interno de aquel pozo era de un excepcional acabado, como hecho con una broca de extraordinarias dimensiones. No era exactamente vertical, si no que ofrecía una inclinación de unos cuarenta y cinco grados, de modo que en un momento dado, perfectamente se podía discurrir andando con cierta facilidad por esa rampa de asombrosa profundidad que se perdía en la más absoluta negrura. Ahora es cuando llega lo que ni yo mismo termino de creer que ocurriera y que ciertamente viví en primera persona. Desde aquellas tinieblas ascendían voces humanas muy lejanas, cuyo idioma nos era desconocido, y cuya nitidez se aclaraba cuanto más cerca de la superficie parecían estar. Chusa y yo nos apartamos, abrazados, sin saber qué hacer, y de repente, un hombre rubio corpulento, exquisitamente vestido de traje y corbata, asomó su cabeza. La giró hacia los lados poniendo la mirada en todas las direcciones y dejándola clavada algunos segundos sobre nosotros. Entonces levantó su mano y nos indicó por señas y una incomprensible frase, que no pasaba nada. Enseguida nos dimos cuenta de que ese idioma en el que intentaba hacerse entender debía ser ruso, checheno o de algún país frío. El hombre salió del pozo con agilidad y se puso delante de nosotros dándonos la espalda, frente al pozo, abriendo sus brazos a la altura de las caderas, con las palmas de las manos hacia atrás, como para mantenernos al margen sin que pudiéramos intervenir en lo que a continuación ocurrió. Cuando aquel sujeto comprobó con la mirada que éramos los únicos habitantes del la zona, gritó una orden ininteligible hacia la oscuridad del túnel. Algunas palabras secas brotaron como respuesta desde la lejana profundidad. Entonces fue cuando en poco tiempo, comenzaron a aflorar hasta la superficie otros individuos similares, también encorbatados, uno tras otro, mirando hacia los lados, como asegurando la protección de alguien. Nosotros no dábamos crédito, como seguramente te está ocurriendo a ti que lo estás leyendo, pero es tan cierto que aún ahora, que ya todo ha pasado, se me ponen los pelos como los de un cepillo de barrer al acordarme. Entre aquellos hombres jóvenes de complexión fuerte y de evidente preparación militar, sorprendentemente, iba uno que todos conoceréis... !Exacto! el mismísimo Vladimir Putin, así, como lo cuento. Jamás hubiera imaginado que el presidente Ruso tuviera el menor interés por Poyales del Hoyo (Ávila) pero qué queréis que os diga, así es la vida. La cuestión es que se ha venido a vivir con su sequito de guardaespaldas y una señorita guapísima a la que no quiero mirar con descaro por si se me partiera la cara de estas dos maneras; al estilo siberiano o al estilo Chusiano. No sé, yo hubiera elegido el avión como medio de transporte, pero parece ser que han perforado un túnel desde el Kremlin hasta este pueblo, sin paradas intermedias. Precisamente acabo de venir de dar una vuelta por la estación que han construido bajo nuestra casa. Qué preciosidad, todo lleno de figuras de mármol y techos altísimos, todo delicadamente labrado en la piedra natural que conforma el subsuelo de la finca, al más puro estilo Soviético, con iconografía Rusa muy colorista, frescos y mosaicos de influencia Bizantina, qué decir. A saber que maravillosos artistas habrán estado trabajando justo bajo nuestra hogar para edificar esa maravilla de estación de tren de alta velocidad. Y es que nos hemos hecho muy buenos amigos y nos ha dado permiso para bajar a la estación cuando queramos, siempre y cuando no montemos en el tren que está parado en el andén. A chusa, que se le dan bien los idiomas, los guardaespaldas le cuentan unos chistes con los que ella se ríe mucho y con los que yo me pongo un poco celoso por no entender. De vez en cuando, ella se va con alguno de esos musculados rusos guapísimos a escuchar sus chistes por el campo y se pierden entre la vegetación. Yo me pongo a pintar algún cuadro o escribo cosas para pasar el rato. Mejor que aprenda ella el idioma. Solo hay un guardaespaldas, el de la voz aflautada, que quiere contarme chistes a mí y enseñarme el idioma, pero ya le he dicho veinte veces que no con el dedo. Eso sí, Vladi, como le llamamos Chusa y yo, se ha quedado con nuestra habitación porque le he prometido llevar en secreto que es un doble suyo quien dirige ahora aquel pais frigorífico. Os ruego no se lo contéis a nadie si habéis llegado hasta esta línea de texto y ya estáis informados, es un secreto de estado que me puede costar muy caro y que solo he querido compartir con vosotros por el afecto que os tengo. Ni se os ocurra compartir este post. Si llegarais a difundir estos secretos que os cuento, tendría que contaros en los próximos días muchas más cosas antes de resultar torturado y para no llevarme a la tumba semejante información confidencial. En fin, vamos a desayunar un poquillo de caviar y después a practicar el tiro al blanco con unos ucranianos de importación que trajeron fresquitos ayer por la noche. Ya os contaré, porque este hijo de Putin (jajaja así es como le llamo yo algunas veces porque sé que no se entera de la broma) sufre de gases y no se puede en esta casa ver una película tranquilamente. Ya le he dicho, a través de un intérprete que tenemos hospedado en lo que antes era la perrera, que por favor, si tiene que peerse, lo haga fuera o en el baño. Pero no le da la gana. Estos rusos son gente de carácter muy fuerte y les gusta expeler con satisfacción y sonoridad los efluvios de las digestiones que provoca nuestra exquisita gastronomía. Para ellos es de buena educación que suenen fuerte, pero yo os aseguro que los pedos del presidente Ruso huelen como los de cualquier hijo de vecino. Ya os contaré porque esto es de locos.

#surrealismo #reflexiones #poyales #visita #putin

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© 2014 by Josechu Velasco